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viernes, 6 de octubre de 2017

Bombus terrestris (segunda parte)

Hace tiempo hablé del genero Bombus Latreille (1802) y del abejorro común o Bombus terrestris, comentando su distribución, ciclo vital y características morfológicas, pero hubo un par de cosas sobre las que no me paré demasiado y de las que hablaré algo hoy: sus órganos de los sentidos y su gran capacidad de polinización.

Cuando describí a Bombus terrestris simplemente me paré en sus características morfológicas externas que nos permitirían una fácil y rápida identificación: tamaño en general grande (reina de 2 a 2,7 cm y obreras de 1,5 a 2 cm), cabeza pequeña y estrecha con probóscide larga, color negro, con el tórax y el abdomen cruzados por sendas bandas de pelos anaranjados, banda blanca en el extremo del abdomen (de 6 segmentos el de la hembra y de 7 el del macho), tórax corto en comparación con el abdomen, par de patas posteriores con cestillos para el polen en las hembras y ausencia de aguijón en los machos. Sin embargo no hablé de sus órganos de los sentidos, cosa que haré a continuación.


Los abejorros tiene dos ojos compuestos y entre ellos, tres ocelos en la parte superior de la cabeza dispuestos en un patrón triangular. Con ellos pueden ver desde en una longitud de onda que va desde los 300 nanómetros (ultra violeta) hasta los 700 (color naranja), por lo que no pueden ver el color rojo.

Sin embargo los abejorros sí visitan flores rojas debido a que sí son capaces de oler el néctar y cualquier otro olor atractivo que la flor puede emitir. Para el sentido del olfato los abejorros utilizan las antenas (que además utilizan también como órgano sensitivo para el tacto). El gusto y el olfato son transportadas al abejorro a través de unos diminutos pelos en la antena y el aparato bucal. Las moléculas de olor pasan a través de unos diminutos poros que hay en las llamadas placas de poro situadas en el último segmento de la antena para adherirse a continuación al receptor de las células sensoriales, cada una de las cuales se halla adjunta a dendritas de las células nerviosas. Es el estímulo eléctrico de estas células nerviosas, provocado como respuesta al mecanismo iniciado con la molécula de olor a su receptor en la célula sensitiva el que se pasa al cerebro de abejorro. Como los abejorros tienen dos antenas (de 13 segmentos la del macho y de 12 la de la hembra), pueden por lo tanto detectar además la dirección del olor.

Las piezas bucales del abejorro consisten en maxilar superior, labios, mandíbulas y lengua. Las mandíbulas son un par de estructuras altamente esclerotizadas que se mueven en ángulo recto con el cuerpo y que el abejorro utiliza para morder, masticar, y cortar los alimentos. Los maxilares son estructuras pareadas que también se pueden mover en ángulo recto con el cuerpo y poseen palpos segmentados. El labio (labio inferior) es la estructura fundida que se mueve longitudinalmente y posee otro par de palpos segmentados. La lengua, es larga, de color rojizo y peluda al final. Las piezas bucales también están cubiertas de pequeños pelos. Todos estos pelos tienen poros a través de los cuales pasan las moléculas para después unirse a receptores en células sensoriales y provocar la respuesta que es el sentido del gusto.


Debido a esta forma, tamaño y estructura del cuerpo del abejorro con su densa pilosidad que les permite transferir mayor número de granos de polen por visita, y debido a esta finura de sus órganos de los sentidos con sus largas probóscides y lenguas que les permite visitar una gran cantidad de especies diferentes de plantas con flor para libar, añadido a la capacidad que tienen para “sonicar” (empleo de sonidos para liberar el polen de anteras poricidas o dehiscentes como las de las Solanáceas) y la posibilidad de generar calor metabólico, que les permite la actividad durante largos períodos y adaptarse a una amplia variedad de temperaturas y tipos de climas, el abejorro está entre los más destacados polinizadores de las regiones temperadas.

Esto era algo que el ser humano no iba a dejar de aprovechar con lo cual el abejorro se convirtió en uno de los mas importantes agentes de biopolinización (técnica de polinización natural de los cultivos utilizando seres vivos). Los abejorros tienen a este efecto dos ventajas fundamentales sobre la abeja común: toleran temperaturas más bajas y son mucho menos agresivas, siendo raros los casos de picadura a los agricultores. Además, tienen un excelente comportamiento en días nublados o con fuerte viento.


Inicialmente, Bombus terrestris fue importado por diversos países con el propósito de emplearlo como polinizador de tomates en invernaderos, para lo cual hay una amplia oferta de criadores del abejorro, que los ofrecen comercialmente como “colonias” que se despachan en cajas que se transportan a los más diversos lugares. En el Reino Unido se importan 10.000 “colonias” cada año.

Pero toda moneda tiene su cara y su cruz. Estos abejorros se importados para la biopolinización, suelen escapar de los invernaderos y formar sociedades silvestres, pudiéndose entonces comportar como una especie invasora con todos los problemas que ello puede conllevar para las especies autóctonas. Así, en Japón se han naturalizado, aun cuando se emitieron advertencias sobre el peligro de su propagación y se comprobó posteriormente el efecto negativo que produjo en los abejorros nativos.


A fin de cuentas, es lo de siempre, el ser humano creando problemas por intentar hacer de todo un negocio.